Un blog malo es mejor que un no-blog. Aunque este blog es mejor que malo y casi llega a ser decente por momentos.
martes, 3 de noviembre de 2015
Deconstruyendo a Micolta
Después de haber cruzado un par de opiniones en caliente a propósito de la polémica de la semana, me tomé la molestia de ver completas un par de rutinas del tal Soldado Micolta, y a partir de lo observado, tengo las siguientes conclusiones:
1. Se trata, en primer lugar, de un humor ingenuo e "inofensivo" (en el sentido de no proponer ninguna lectura crítica o mordaz de la sociedad) que a lo mucho saca una que otra sonrisa.
2. Es como una especie de Chavo del Ocho con algo de malicia sexual. Un soldado que en teoría debería hace reír por falto de inteligencia y mamagallista. Por terminar siendo astuto en medio de su bobería. Nada muy original o trascendente.
3. Por lo tanto, la mayoría de los chistes deberían funcionar igualitos si el man no se pintara la cara. Existe poca exploración en los imaginarios (positivos y negativos) compartidos sobre los afrocolombianos (aparte del hablado y lo gestual). Esto resulta más malo que bueno, ya que demuestra que la única razón por la que el personaje tiene que ser negro es porque así es más coherente para el público que sea tonto e indisciplinado. Y porque existe algo "cómico" en el mero hecho de escucharlo hablar así. Por esto, sí se podría hablar de un recurso racista, quizás no en el sentido más malintencionado del término, pero sí como una exacerbación de lo "exótico" que aún hay en el otro. Por lo demás, las escenas del Soldado Micolta se basan en meros juegos del lenguaje y malentendidos. ¿Por qué tiene que ser negro? Just for the lulz.
4. El personaje es, entonces, unidimensional y aburrido, aunque, de alguna forma, puede generar simpatía o ternura, razón por la que la mayoría aboga por que no constituye un acto de racismo. Pero el racismo no siempre tiene que mostrarse agresivo; también puede ser pura condescendencia. En este caso, el negro es infantilizado. Es tan caricatura que en una imagen de Facebook —lamentablemente no sé ya cómo ubicarla— alguien puso como el batallón de los que lo defienden a un montón de personajes negros de programas de televisión. ¿Qué intentaba decir el que la hizo? ¿"Por el derecho a caricaturizar a mis negros"?
5. Pensarán que, entonces, esta misma lectura debe aplicarse sobre los otros personajes cómicos que representan a otros grupos étnicos, culturales o socioeconómicos del país. Es válido realizar la comparación, pero las consideraciones y los resultados del análisis no serían exactamente los mismos. La historia y las condiciones de cada grupo SÍ deben incidir en la manera como aceptamos o no ciertas representaciones. Es nuestro deber como sociedad al menos cuestionárnoslo. El racismo y sus consecuencias aún no han sido completamente superados. Hay temas más delicados que otros.
6. En este mismo sentido, la idea no es ahora venir a meter toda la comedia en el mismo saco, y rasgarse las vestiduras diciendo que hay una guerra contra el humor, que la censura a Micolta parte del mismo espíritu que le quitó la vida a Garzón, etc. Dejen el drama. Este es un caso con unas características bien particulares en las que vale la pena ahondar. Y si esta es la comedia que van a defender a capa y espada, qué tristeza.
7. Una más: tan adalides de la libertad que resultaron todos en un país en que la gran mayoría se opone a la legalización de la marihuana, el aborto y el matrimonio/adopción gay.
sábado, 17 de enero de 2015
Cuando Maluma ofendió al heavy metal
Hay una constante prevención por todo lo que el otro pueda decir, y a la hora de sacarlo de contexto para aumentar su potencial de provocar indignación, los grandes medios están más que listos. Con el pasar de los días, la gente más prudente empezará a analizar mejor la situación y señalará un nuevo caso de sobreactuación masiva; aunque el daño ya estará hecho, porque la mayoría de los indignados lo seguirá estando, hasta que haya un nuevo objeto de indignación
Pero es un trabajo necesario. Por eso antes de que pase más tiempo y el hecho se borre completamente del imaginario colectivo, quisiera referirme a una de esas situaciones mediáticas que marcaron el año pasado.

Pero si se ve muy noble.
En el caso del cantante paisa, probablemente esté en el imaginario de muchos como un joven superficial, con escasa educación musical y, por el tipo de música que interpreta, alérgico a todo lo que huela a rock. Por eso el sensacionalista titular de El Tiempo «No he podido entender la gritadera del ‘Heavy Metal’» se recibió tan mal. Pero, ¿por qué titular la entrevista con una frase aislada que no solo no recogía el sentido de la misma, sino que ni siquiera expresaba en su totalidad la opinión del cantante sobre esta corriente musical? ¿Por qué era tan relevante saber si a Maluma le gusta o no el heavy metal? ¿Ganas de crear controversia a toda costa?
Para entender mejor la dimensión de la polémica, y si esta era necesaria, hay que empezar por tomar en cuenta la pregunta y la respuesta completas:
— ¿Es cierto que usted no soporta el ‘heavy metal’?
— No es que no lo soporte, es que no lo entiendo. Tengo mucho respeto por los músicos de cualquier género, porque si están haciendo música, están creando arte, y por eso me identifico con cada uno de ellos. En lo del heavy metal, lo que no he podido entender es la gritadera. (Risas). Igual, mi production manager es roquero. En mi grupo de trabajo, todo el mundo tiene una onda muy diferente a lo que hago yo, y esa diversidad es muy bonita.
Identifico varios elementos que deben servirnos para atenuar el supuesto daño a la comunidad metalera. Primero, lo mucho que se esfuerza Maluma, ya sea por convicción o por corrección política, en resaltar su respeto hacia quienes hacen este tipo de música. Segundo, que él reconoce que su crítica parte de cierta ignorancia sobre las convenciones de este género y no de una apreciación elitista. Y tercero, sobre lo cual quiero detenerme para luego articular con el segundo punto, ¿qué es eso de la “gritadera”? ¿Tan alejado estuvo de la realidad?
Pero es que tampoco hay que irnos tan lejos ni exigirle a Maluma un riguroso conocimiento sobre los subgéneros del metal para encontrar verdad en su apreciación. Una canción como “Painkiller” de Judas Priest, puro heavy metal, fácilmente puede considerarse gritada, sobre todo en comparación con el estándar de la música pop.
Se puede pensar que la forma como Maluma uso el término “gritadera” fue prejuiciosa y peyorativa, pero seguro no lo fue más que cualquier alusión a la vulgaridad o la falta de creatividad del reggaetón, opiniones que músicos de otras tendencias han expresado hasta la saciedad. Incluso, en ocasiones los mismos adeptos de los diferentes subgéneros del metal utilizan este tipo de expresiones para desprestigiarse unos a otros.
Pero tal como sucede con el racismo u otras formas de discriminación, la ofensa permanece si el término usado para referirse a alguien es recibido en clave de insulto. En los casos en que no solo se acepta como de naturaleza neutra o descriptiva, sino que incluso el grupo minoritario se apropia de él con orgullo, se genera resistencia (ver nigga o queer).
Los rockeros o metaleros que se ofendan porque les dicen que su música es gritada están entrando en una gran contradicción, la de negar o avergonzarse de uno de los elementos más especiales de esta forma de arte y en parte al que se le debe su tono rebelde. O como dice Claude Chastagner en su libro De la Cultura Rock:
"La voz es una de las expresiones más radicales de la individualidad más obstinada del artista. Nos empuja, nos llama, nos pide que también nosotros afirmemos nuestra autonomía e independencia. No es un azar que las formas de rock que cultivaron de manera más ostensible la revuelta (…) privilegiaron (tal vez en exceso) el grito, el aullido, el ruido. ‘aullar es la única cosa sensata que se puede hacer’, escribe Neil Nerhing, ‘es lo que el grunge, el hip-hop, el metal, el punk y el riot grrrl tienen común, y como ellos aúllan bajo la mirada del público, las autoridades los detestan’ ".
Los músicos de este tipo de géneros saben que gritan, poco o mucho, y no deberían tener ningún problema en que se les reconozca. ¿Por qué otra razón Judas Priest titularía uno de sus álbumes Screaming for Vengeance? La legitimidad del grito es tal que no sola la encontramos en estos hijos revoltosos del rock, sino también en leyendas como James Brown o, atención al nombre, Screamin’ Jay Hawkins.
Es válido que la gente piense que ciertas opiniones buscan reducir la complejidad y riqueza de la música que les gusta, y extienden la ignorancia al respecto en una sociedad tan cerrada, pero hay que insistir: Maluma no dijo que esta música se tratara exclusivamente de gritar; dijo simplemente que no entendía esa parte. O sea, que hay una dimensión de esta expresión artística a la cual le es incapaz de acceder. Volviendo a Chastagner:
"Cuando [la voz] abandona las normas que le asigna el código social, cuando sale del marco de la comunicación o de la expresión estética convencional, pone al oyente en contacto con lo secreto, lo escondido, lo que pertenece a lo íntimo del artista, más que a su aspecto social. El grito es la expresión de un rechazo a la convención, al posicionamiento colectivo. El grito, como forma exacerbada de emoción, constituye una oposición a la mentira".
No puede ser que el metalero sufra cuando su música es absorbida por la masa, pero también cuando es incapaz de comprenderla. ¿No es más bien un logro que Maluma se declare impedido para acceder a ese universo de sentido? Si aún hay gente que es incapaz de entender algunas de las convenciones de la música que nos gusta, si no pueden sentir la belleza y verdad que puede haber en un grito desesperado, rabioso o eufórico dentro de una canción de rock, quiere decir que la bestia aún no ha sido domada del todo, y eso es algo de lo que debemos sentirnos orgullosos.
Otos ejemplos de gritería que disfruto:
domingo, 7 de julio de 2013
Sobre el aborto
En mi opinión, hay niveles de inmoralidad en el aborto. Así como no se puede juzgar igual a la chica abusada que a la que se olvidó de planificar, también hay diferencias notables entre la muchacha pobre a la cual su novio prometió el cielo antes de abandonarla y la mujer rica casada que quiere desaparecer el fruto de una aventura.
La sección de comentario queda abierto para todo el que quiera compartirme su opinión —tan conservadora o libertaria como se le antoje—.
lunes, 10 de junio de 2013
De la inmadurez y el perreo
jueves, 28 de marzo de 2013
Ser agnóstico en Semana Santa
domingo, 24 de febrero de 2013
Vivo
sábado, 24 de noviembre de 2012
Carta de un agnóstico a Dios
Los problemas a los que se vería enfrentado un dios personal.
(Imagen de Alberto Montt)
domingo, 2 de septiembre de 2012
Brutalidad capucha
Los hechos.
Como buen nihilista, no siento simpatía por la autoridad. Tampoco expreso un odio gratuito y automático hacia ella. Simplemente sé que existe por una razón, que en una sociedad habitada por tanta escoria es un mal necesario. Aborrezco por supuesto los actos corruptos cometidos por instituciones como el ejército y la policía, pero no voy por la calle mirando con rabia a todo el que ande uniformado. Especialmente porque nunca he sufrido la tan mentada brutalidad policíaca. De hecho, la mayoría de mis interacciones con la fuerza pública se han dado de forma amable, respetuosa y cordial. Han sido muy serviciales, a decir verdad. Solo recuerdo dos situaciones que podrían servir como ejemplos de roce con la autoridad:
Nota final: no sé quién mató al policía, pero quien quiera que haya sido no cambia los pensamientos que he expuesto en este escrito. Por encima de todo, y por la razón que sea, es un gran dolor ver que mi universidad se convierta en un escenario para homicidios.
sábado, 7 de julio de 2012
¿Por qué la columna de Azcárate tuvo más de bullying que de sátira o humor negro?
Sé que ya todos deben de haber leído la famosa columna de Alejandra Azcárate en Aló Mujeres y que para este momento tienen que estar saturados de tanta réplica y reivindicación. Yo mismo estoy un poco cansado del tema y estuve a punto de desistir de elaborar este texto. Además, pensarán, ¿Qué tengo para decir yo si no soy mujer ni gordo? ¿Para qué voy a replicar? Pues bien, sé de un par de cosas que son importantes en este asunto. De comunicación y periodismo —es mi profesión— y de humor —mi tesis de grado es un juicioso análisis sobre la construcción de la comedia—. Por lo tanto, quiero enfocarme en aspectos conceptuales del escrito de la señora Azcárate para revelar por qué es tan malo.
Homero sí quería ser obeso, pero tenía una justificación cómica: su flojera era más fuerte que su sentido de autoimagen.
O las burlas a la fealdad de Meg y su necesidad por encajar.
domingo, 8 de abril de 2012
La apatía (Parte 1).
lunes, 17 de octubre de 2011
De representaciones, estereotipos y dignidad nacional.
¿Existirá en el mundo un pueblo que se sienta ofendido tan frecuentemente como el colombiano? ¿Serán los constantes lloriqueos producto de una verdadera campaña de deslegitimación proveniente del primer mundo?
Carla Bruni, Señor y señora Smith, Bruce Willis, David Letterman, y muchos más, tienen en común el haber incitado la indignación de un país que no soporta que se diga una cosa más sobre él que no sea acerca de los triunfos de sus estrellas, la calidad de sus exportaciones o la belleza y espíritu trabajador de su gente. Esta actitud en la sociedad colombiana se ha hecho patológica. Es incapaz de recibir de buena manera cualquier crítica o referencia a los problemas del país, aunque provengan de un universo [pretendidamente] neutral como el arte —Incluyendo aquí la comedia—.
Los teóricos le otorgan a la dimensión estética un carácter antiséptico y aislante. Como si lo que ocurriese dentro de la producción artística no debiera necesariamente responder a los condicionamientos de la sociedad organizada, ni en términos de bueno o malo ni de verdadero o falso. En cualquier caso, los productos culturales pueden promover buenos o malo sentimientos, así como realizar lecturas documentales de la realidad, o distorsionarla en los amplios caminos de la ficción.
Aquí se pretende que la ingenua campaña por mejorar la imagen de un país —Ya que no su realidad esencial— decida qué es correcto mostrar y decir para cineastas, escritores, músicos o comediantes. ¿Tiene esto sentido?
En este orden de ideas, usted no podría esperar que surgieran muchas películas sobre terroristas austriacos, sobre turismo sexual en las Islas Feroe o desnutrición en las calles de Montreal. Aunque como ejercicios de ruptura podrían ser muy interesantes, pero desconcertantes para un público que tiene una idea de más o menos cómo funciona el mundo y espera que se le respete. El tercer y el cuarto mundo son los que contienen la mayor cantidad y gravedad de conflictos sociales para cierto tipo de cine.
''¿Pero por qué dicen mentiras sobre mi país?''. Este es un punto importante y delicado. Recordemos que la narrativa es un universo donde lo verosímil pesa más que lo 'verdadero'. No es necesario que algunos personajes o situaciones que se crean estén inspirados en personajes y situaciones exactas del real. De otro lado, es posible que muchos eventos perfectamente documentados no sean tragables para el espectador —el típico 'cuando la realidad supera a la ficción— o simplemente carezcan del atractivo necesario.
Los estereotipos no son necesariamente buenos ni necesariamente malos. Cada uno debe ser analizado en su contexto específico: algunos son más acertados o justificados que otros. En general, los estereotipos tienen una utilidad social; ayudan a dinamizar las relaciones sociales y a que los individuos se formen una imagen menos caótica del mundo (tengo bibliografía sobre ésto, pero me da pereza citar. Más bien si alguien está muy interesado en el tema, me puede decir y le facilito información).
Además, si aún el cine documental reconstruye la realidad, haciendo omisiones y adiciones, ¿por qué pedirle a la ficción que sea tan responsable? Su misión es crear una experiencia inspirada en la realidad, pero independiente de ella, y que el espectador se olvide de quién es por un par de horas. ¿Que en Mr. and Mrs. Smith se muestra a Bogotá como una ciudad calurosa y poco desarrollada? Bueno, éste es un craso error que solo debería ofender al equipo producción de esa mediocre película. No sé si se hizo adrede. Es probable que hayan pensado que para muchos espectadores alrededor del mundo sería una representación verosímil de la capital de Colombia, y que efectivamente lo haya sido gracias al pobre nivel de cultura general de esos espectadores. Creer que todo el territorio colombiano es llano, cálido y rural no es un prejuicio o un estereotipo negativo; es simple y grosera ignorancia.
¿Fue un error con intención política? No estoy yo para decirlo. Creería que fue más bien fue una treta de la producción. Más que una ofensa a la dignidad de un país, es una ofensa al arte cinematográfico y a la inteligencia del espectador, cuando esta tuviese lugar.
¿Que Carla Bruni puso en una canción ‘más peligroso que la cocaína colombiana’? Bueno, tal vez pudo haber sido menos ruda y haber dicho que ‘eres más peligroso que la cocaína de Montpellier’. Ya, en serio. Es música. Es arte. Si dejaran de pensar, por un instante, que Colombia es el centro del universo, se darían cuenta de que las distintas manifestaciones artísticas durante siglos han expresado TODAS las circunstancias, las alegres y las penosas, de la raza humana y la sociedad que ha constituido. Todo ha quedado en evidencia a través de novelas, películas, canciones, esculturas, pinturas, etc. Lo que es, lo que fue, lo que será y lo que se sueña. El arte no puede estar en función de los intereses de las empresas promotoras de turismo.
Si Colombia deja de pensar, por unos instantes, que todo el mundo está pendiente de ella, observaría como son mostrados los individuos de otros países o grupos sociales en el discurso de los medios, la televisión, el cine. Vería que en Los Simpson El Gordo Tony es un mafioso italo-americano, el hombre abejorro un bufón mexicano y el niño albanés por el que intercambian a Bart en cierta ocasión es un espía con fines militares en contra de los Estados Unidos.
Está claro que cuando el sentimiento de cohesión e integridad de un grupo social —o todo un estado nacional, como en este caso—no es lo suficientemente fuerte, no puede evitar sentirse amenazado a cada paso. Cree que desde una y otra dirección se intenta menoscabar su dignidad, cuando nadie lo ha hecho tanto como él mismo.
martes, 6 de septiembre de 2011
Novias de mentira
Un aforismo célebre en Twitter (cuyo trabajo de atribución no efectuaré, porque a estas alturas la referencia al creador de la frase debe estar perdida entre tanto plagiador) dice algo como: «Las mujeres podemos fingir orgasmos, pero los hombres pueden fingir relaciones enteras». Más allá del instantáneo orgullo que a mi género puede representarle este gran logro evolutivo, aparentemente, surgen varias consideraciones que traigo en este post.
Y de entrada quiero aclarar que mi experiencia me dice que esta habilidad para fingir relaciones también puede existir para las mujeres, pero eso lo verán un poco más adelante. Lo importante por el momento viene con la siguiente confesión: solo he tenido dos novias en mi vida y ambas fueron de mentiritas. No de mentiritas como los noviazgos de la infancia en lo que lo más caliente que ocurre es caminar cogidos de la manita, ni de mentiras como las relaciones a distancia o las que se ponen en Facebook sólo por diversión o aburrimiento. Se trató de relaciones formales con personas que conocía y con las que existía contacto físico, pero que no estaban sustentadas en ningún sentimiento valedero, sino simplemente en el estar por estar. Relaciones fingidas.
¿Por qué fingidas? Y más importante ¿por qué yo tendría que fingir una relación? Fingir una relación es levantarse cada día sabiendo que se tiene un contrato emocional-erótico con una persona por la cual no se siente nada diferente a lo que se podría sentir por cualquier otra escogida al azar y forzada a estar en la misma situación. Es sentir que esa persona es del montón y que lo único especial es que es tu novia porque fue lo único o – más triste aún – lo mejor que pudiste conseguir. Sí, porque ‘lo mejor’ no siempre es sinónimo de bueno. Sería como lo menos maluco, lo más aceptable.
Seguro cuando piensan en razones para fingir una relación lo primero que se les venga en mente sea ¡SEXO! Y van por el buen camino. No sólo porque el sexo no siempre es fácil de conseguir, sino porque una cosa es conseguirlo al azar, con limitaciones y prevenciones, y otra tenerlo seguro, limpio, estable, y con la posibilidad de al menos pretendes que se hace con cariño. Y con alguien que al menos físicamente te gusta. Porque, hay que ser claros, las relaciones no se fingen con alguien que detestes o te parezca abominable. Si uno se ha visto conducido a una relación es porque al menos en principio encontró algo física, intelectual o emocionalmente atrayente en esa persona, pero si en el proceso eso no prospera y no se convierte en un sentimiento real, ya que tus hormonas han generado una obligación hacia esa persona, queda la opción de fingir que existe un vínculo real para continuar los beneficios y evitar el drama.
Y no se trata sólo del sexo. Tal como el primer beso, el primer noviazgo es una necesidad más social que física. Se necesita saber qué se siente y todo en el mundo está diseñado para hacernos anhelar vivir los encuentros románticos en heladerías, los mensajitos preocupados por el otro, las escenas de celos y hasta las discusiones ridículas. También es parte de crecer. Sentirse ligado a alguien de esa manera es una necesidad – estúpida, puede ser – que se nos ha creado. Mi primera relación fue tan de mentiras que ni siquiera vale la pena considerarla para este ‘análisis’: duró tres meses y básicamente ella era una persona con la cual me veía cada fin de semana para echarnos en un parque y nuestras pequeñas conversaciones servían como intermedio para nuestras extenuantes sesiones de besos.
Eso me dejó un sinsabor y estaba decidido a tener una relación de verdad, así tuviera que fingirla. Y lo hice. La siguiente tuvo todo lo que creía debía tener una relación de verdad: acostadas, en la casa de uno y del otro, fotos carisonrientes en Facebook, conocer a la familia, paseos a fincas, discusiones cargadas de drama, infidelidades – lamentablemente no de mi parte – y terminadas y reconciliaciones cada mes. Todo, menos dos personas que realmente se quisieran.
6 gloriosos meses de fingir una relación y de un inútil ejercicio de autoengaño para justificar el sexo sin amor y todo el tiempo que compartía con esa persona creyendo que me importaba. Pero yo sabía lo que pasaba. El tiempo que pasábamos viendo una película o hablando de lo que pasaba en nuestras vidas era el tortuoso preámbulo necesario para que ella empezara a quitarse la ropa. Parafraseando un comentario que vi en Old Christine, no pasábamos más de tres minutos de conversación sin que alguno metiera su mano en los interiores del otro.
Y no es que ella era fuera tonta o completamente carente de encanto intelectual, pero es que estaba lejos de ser lo que yo esperaba. Claro que me sentía culpable… uno sabe que está en una relación fingida, cuando después de terminar el acto sexual, a uno ya no le parece divertida la idea de tener que compartir las cobijas con esa persona y se da cuenta de la cantidad tan irresponsable de veces que ha dicho ‘te-amo’ o sus variantes. Ese es el momento en que uno debería mandar la farsa al carajo, pero ¿quién se atreve a hacerlo en una situación tan incómoda? Había que mostrarse natural y espontáneo, poner algún tema de conversación y abrazar de vez en cuando para que no se sospechara que algo andaba mal.
No estoy orgulloso de haber durado tanto tiempo así, sobre todo cuando no era simplemente yo usando a la pobre chica enamorada que me escribía cartas llenos de dibujitos rebosantes de ternura. Porque las cartas y los dibujitos efectivamente existían, pero eran un débil paliativo para lo que me dejaban sus continuos comentarios acerca de otras personas que le gustaban o, peor aún, seguía amando. Su Tumblr, que stalkeaba frecuentemente, hacía constantes referencias a mí; casi siempre en términos peyorativos, diciendo que estaba aburrida de la relación y contando cómo deseaba a otras personas. Lo solucionaba todo diciendo 'esas son bobadas. yo en realidad te quiero a ti' y con... ya saben con qué.
Tuve que lidiar con su bisexualismo que el día en que terminamos, me confesó, se había resuelto en lesbianismo. Me había acostumbrado tanto a fingir, que fingí que me dolieron sus palabras, cuando básicamente me sentía mal por el fin de un conveniente contrato de intercambio de favores sexuales.
Mucho se dijo después de eso que me convenció de que yo había sido menos despiadado de lo que había pensado. Su versión de la historia se fue haciendo cada vez menos amable conmigo: no se quedó tranquila con hacerme saber la falsedad de sus ‘te-amo’, sino también la de sus orgasmos. Aparentemente siempre estuvo consciente de su lesbianismo, pero la pobre chica se sentía forzada a intentar llevar una vida normal.
Así acabó todo. Sin que ninguno de los dos tuviera autoridad moral para reprocharle nada al otro – Lo cual no impidió que lo hiciera –. Aunque ella fingió más… al menos a mí sí me gustan las mujeres. Mi conclusión es que las relaciones de mentira le hacen mal a la autoestima y menoscaban la dignidad. Por eso prometí nunca volverme a involucrar en una… aunque a veces no sé; definitivamente la lujuria genera produce estragos.
jueves, 21 de julio de 2011
El deporte injusto
Los partidos de la más reciente edición de la Copa América volvieron a poner de moda uno de los temas de discusión clichés alrededor del fútbol: su falta de justicia. Entonces nuevamente todos recordamos, si es que en algún momento lo olvidamos, que el fútbol es un deporte distinto; existe una condición fundamental en su mecánica que aparentemente no tiene ningún otro deporte y es razón de ello que muchos lo aman y muchos otros lo odian: en el fútbol no se requiere de ser el mejor para ganar.
El fútbol está diseñado para que en cualquier partido, por abismal que sea la diferencia, exista la posibilidad del triunfo para el equipo más débil o el que peor juegue ese partido – ambas cosas no siempre son equivalentes -. Este aspecto concreto hace que el fútbol sea verdaderamente impredecible.
Recuerdo haber leído por los días del mundial pasado a un periodista norteamericano que comentaba acerca del intento de los ‘liberales’ de introducir al Soccer en el Mainstream de Los Estados Unidos. Se refería despectivamente al fútbol. Comparándolo con Seinfeld, lo catalogaba como Un deporte acerca de nada. Parte de su crítica tenía que ver con muchos de los aspectos que hacen parte de la discusión actual, especialmente la existencia de empates y por tanto la posibilidad de jugar conservadoramente y obtener recompensa por ello, y que el talento individual no parezca ser un valor decisivo. Incluso consideraba que el fútbol es un deporte que promueve la mediocridad ya que supuestamente cualquiera, aún sin tener muchas habilidades, puede encontrar un lugar en el juego y salir victorioso.
Yo creo que gran parte del valor del fútbol tiene que ver con esa facilidad de acceso. Es probablemente el deporte que requiere menos fundamentación técnica y talento innato para practicarlo con éxito al menos de forma amateur. Hasta los troncos podemos con un poco de suerte quitarle el balón al crack, sacar un tiro de la línea o meter un gol, porque en muchos casos finalmente es cosa de sólo empujarla. Muchísimo más se requiere para hacer un birdie, un Home Run o siquiera una canasta (yo nunca pude pese a ser relativamente alto). Así es, jugar al fútbol es muy fácil. Pero ganar en el fútbol es un asunto complejo. Empezando porque lo juegan muchas personas y porque cada colectivo debe sincronizarse muy bien para arrastrar el balón cien metros y lograr que este pase a través de un pequeño arco custodiado por una persona que vive y come de no dejarlo pasar. Tener el balón en sus pies más tiempo que el rival no le asegura poder pasearse más cerca por el arco y pasearse más por el arco no le asegura anotar más veces.
Cuando en las situaciones anteriores gana el 'no', se habla de injusticia. Y aunque yo diría que el término es válido, hay cosas para considerar. En las protestas, por un lado, se hace demasiado énfasis en el ataque y en la generación, como si defender y atajar bien no hicieran parte de las premisas del deporte y como si los defensas y porteros estuvieran de adorno, por protocolo, como la mayoría en Súper Campeones. Por el otro lado, se privilegian demasiado los aspectos técnicos (talentos, habilidades) sobre los mentales (concentración, decisión, entrega, la llamada garra). Claro que la suerte también tiene una gran participación en la resolución de muchos partidos. Pero cada uno es un caso distinto. Es tonto apelar a que tal ‘mereció ganar’ porque tuvo un par de remates más o tuvo una posesión ligeramente superior. Pero ejemplos como los de las dos ‘victorias’ por lanzamientos desde los once metros de Paraguay inevitablemente nos llevan a dictar que existió una injusticia porque los números fueron apabullantes.
Y es que además de las muchas variantes que existen dentro del partido regular para que éste pueda declararse como una injusticia, el fútbol tiene una modalidad de desempate que nunca dejará de hacernos sufrir y rabiar: la comúnmente llamada lotería, especialmente criticada porque es un juego diferente. Es una forma de decidir quién es mejor, que no guarda prácticamente ninguna relación con el juego en sí, y nada parecido ocurre en ningún otro deporte. Pero si hablamos de resoluciones que no tienen nada que ver con el juego, existe en el fútbol, para tristeza de todos, una mucho más aberrante: la moneda, para cuando los equipos empatados no se están viendo las caras.
Es natural imaginar maneras de que el fútbol sea menos injusto, porque la idea nunca es premiar al que peor juegue. Por bello que nos parezca el fútbol tal como es, nos molesta cuando la mediocridad se ve recompensada de una u otra manera. Y es que así los dos equipos hubiesen jugado maravillosamente, deja un gran sinsabor cuando un partido vibrante y bien llevado se debe definir de una manera burda. ¿Qué tal no usar el sistema de eliminación directa sino el de liguillas hasta el final en las competiciones FIFA? No es tan descabellado si pensamos en que se usó incluso en una Copa del Mundo: Brasil 1950. Pero claramente esto no se va a hacer porque atenta directamente contra la emoción y tensión que suscita el deporte y lo bien que esto vende, todo lo que representa La Final de un torneo. ¿Qué tal que después de jugados los 120 se declare ganador al que haya tenido mayor posesión, más tiros al arco o menos tarjetas? Ganar por puntos, como en el boxeo.
Pero todo eso es fantasear demasiado. Si se quieren modalidades del fútbol donde se puede ganar exclusivamente a base de destreza, tenemos Fifa Street de EA Sports. El fútbol de verdad se trata de meter goles y la reglamentación de este deporte, con más de un siglo de historia, determinó que doblegar al rival no sería cosa tan fácil como en los demás deportes, y lo es mucho menos ahora, cuando todo se ha hecho tan complejo táctica y técnicamente. A los que nos gusta, nos gusta por eso. Porque cada gol sea trabajado y sufrido. Porque dentro de la cancha pueda pasar un millón de cosas. Por los momentos dinámicos y los muertos. Hasta por los pases fallidos.
Así es la cosa. Hay una nube de decepción que cada tanto se posa sobre el fútbol y hace preguntarse a muchos si realmente vale pena jugar a un deporte donde no basta con ser mejor que el rival para ganarle. Pero con todo sigue siendo el deporte más apasionante del mundo.
jueves, 14 de julio de 2011
El sueño Bloggero.
Como sentía cierta presión para volver a escribir y en el momento en que finalmente me encontré en disposición ya todas las ‘buenas ideas se habían ido’, decidí apelar a lo simple, a una técnica ya clásica: que el mensaje se refiera al medio. Tal como cuando al estudiante de audiovisuales o radio se le dificulta ingeniarse una buena idea para una crónica y decide hacerla sobre mí mismo, un estudiante universitario enfrentándose a la presión del medio universitario y a sus problemas de creatividad e indecisión, pasando de una idea a otro y a otro.
Más o menos eso es lo que traigo en este momento. Una entrada de blog a manera de reflexión sobre lo que implica tener un blog. Y no es poca cosa considerando que bloggeo desde el año 2006 y ya son como 6 o 7 direcciones firmadas con mi nombre, todas completa o parcialmente abandonadas. Hoy he venido a salvar ‘La Enajenación al poder’ y veremos qué tal sale.
La idea de algo parecido a un blog siempre existió como un sueño en mi adolescencia, cuando sin conexión a internet, ni esperanzas de tenerla, pasaba horas (recuerdo aquellas bellas horas) escribiendo reseñas de discos, visiones sobre el mundo y declaraciones personales por las que no me pagaban y que nadie leía. Tiempo después el sueño se cumplió. Encontré que internet me daba la posibilidad de que gratuitamente mi material fuera leído, compartido y comentado por usuarios alrededor del mundo, y aunque no recibiera beneficio económico por ello la realización personal que otorga una buena valoración de un desconocido es incalculable.
Así empecé a los 19 años. Pero sin una dirección clara, aunque con mucha pasión, fui llenando mi primer blog de escritos desgarradores, llenos de angustia juvenil que eran difíciles de ofrecer a un público mayoritario. Era finalmente, como muchos, un blog para mí mismo y para uno que otro amigo. Para que terminaran preguntándose por mi salud emocional y si sería posible que cometiera suicidio. Al mismo tiempo, subsistía ese estilo con otro más limpio y bien enfocado. Al fin al cabo como futuro comunicador social, y persona interesada en los asuntos humanos, podía ofrecer una experiencia un poco más profesional y universal. No sólo abarrotar los anaqueles de internet con quejas y relatos de sueños rotos, sino producir textos realmente ilustradores y enriquecedores. De allí surgieron Pertinente, El Diario del Melómano y el blog que se encuentra leyendo actualmente.
Este ideal de trascendencia termina siendo el de un porcentaje realmente bajo de los blogs que se abren en el mundo. Incontables los blogs que se quedan abandonados a la primera entrada o ni siquiera llegan realmente a justificar el acaparamiento de direcciones (casi todas las buenas) al sólo dedicarse a postear nimiedades, o fotos o videos prestados, para las que Facebook o Tumblr pueden bastarse bien.
El verdadero bloggero es el que siente un compromiso con el espacio que ha generado, porque quiere comunicar algo al mundo y construir experiencia intelectual en la red, pero se choca con muchas barreras. ¿Hay de verdad gente con tiempo para leer todas las entradas que tan bienintencionadamente se escriben a diario? La mayoría de los blogs, aún de los que tienen la clara intención de convertirse en herramientas útiles para muchos individuos, terminarán siendo leídos por nadie. En parte porque pocos tienen la paciencia y el ingenio para echarse a cuestas a un blog que combine constancia y calidad, que conserve una línea coherente y cumpla las expectativas del público más dispuesto a distraerse de la historia. Por ejemplo. Usted está leyendo en vez de ver porno, o chatear con la persona que le gusta, o jugar un novedoso disparador en primera persona o verse el último estreno de Hollywood. Y lo hace porque dentro del complejo proceso de organización y jerarquización de la blogósfera, yo quedé relativamente bien ubicado y tengo lectores. Pero en cualquier momento puedo perder su atención, quizá para siempre.
Internet está plagado de gente común pero talentosa y además de competir con ellos están también los grandes medios, que también tienen sus propios bloggeros. ¿Cómo lograr que a uno lo lean? Hasta hace uno o dos años esta pregunta, y la incapacidad de responderla, era casi suficiente motivo para abandonar el ejercicio bloggero. Sin embargo hubo transformaciones importantes y el furor de Facebook y más recientemente Twitter, ambos enormes facilitadores del trabajo de ‘compartir tu arte’ pusieron el sueño bloggero nuevamente en camino. Y es que en general ahora en internet todo se conecta con todo y los esfuerzos creativos ya no se ven tan aislados. Tu Flickr apoya a tu a Tumblr y éste a tu Twitter y éste a tu blog (y todos con todos) y si se dispone del tiempo y la pasión necesaria el ideal de generar contenidos y que estos tengan consumidores reales no está tan lejos. Hay que tener una buena idea y llamar la atención hacia ella publicitándola en todos los medios al alcance.
Difícilmente lograría tantas visitas en este, y mis otros blogs, sin una cuenta de Twitter manejada con cierta destreza y constancia. No se trata sólo de reconocimiento, pero éste es muy importante. Haciendo referencia un poco al mensaje de presentación de este blog, si bien no me pagan por esto, si al menos un par de personas consideran que lo que yo hago es un poco mejor que basura y quedan con ganas de leer más, siento que no hay razones para bajarse del sueño bloggero.






