jueves, 6 de enero de 2011

El mundo de los 140 caracteres - Parte 2

Del sentido global de Twitter y por qué es y debe ser diferente a Facebook

Ya son ocho meses como un tuitero activo, que ha hecho más de 4000 actualizaciones, que incluyen anhelos, comentarios, recomendaciones, opiniones, citas, aforismos, juegos de palabras, sinsentidos, links a cosas que he hecho en otros lugares de la red, entre otras modalidades. De todo esto me han quedado múltiples apreciaciones, generalmente positivas acerca de las posibilidades-expresivas-y comunicativas del servicio, con lo cual obviamente, tuve que tragarme todas las palabras, juicios acusadores y menosprecios que hice en un principio a Twitter, cuando simplemente lo vi desde afuera.

El primer descubrimiento importante fue el de que Twitter cumple una función necesaria. Dar cabida a todas construcciones del lenguaje, pequeñas pero dotadas de enorme significación, que pueden perder su efectividad y su oportunidad de ser recibidas al fundirse entre enunciados mucho más grandes o plataformas mixtas donde otros modalidades de escritura le hacen ruido, lo obstactulizan. También aprendí que el qué pasa es sólo una metáfora. Y puede ser cualquier cosa, tan banal o grandilocuente como nuestro uso del lenguaje lo permita.

La restricción de caracteres en Twitter no va necesariamente en menoscabo de la intelectualidad, sino que se convierte en un elemento catalizador. Si los usuarios son inteligentes, van a encontrar la manera de organizar y desarrollar su idea en un formato que es contundente, de fácil apropiación y difusión, que dará poco lugar a malentendidos, y que pasará a cohesionarse con muchos otros de similares características que estén entrando en flujo en ese momento. El usuario que requiera expresar una idea decisiva tiene la posibilidad de hacerlo en muy poco tiempo y con la confianza en que ésta se diseminará rápidamente por la red. De esa forma está pensado el diseño de la página. Por eso Twitter no distrae su intención con adornos. No es una red social en el sentido clásico de incluir sección de fotos, comentarios, gustos personales. La fuerza está en el mensaje. En lo que se dice, y no tanto en quien se es. Aunque por supuesto a partir del mensaje se construye la imagen de cada uno, y se producen los fenómenos de tuiteros estrellas o tuiteros que son reconocidos por un estilo particular de trinar. Pero todo, o casi todo, está en el discurso.

Comparar Facebook y Twitter por tanto es absurdo, porque son radicalmente distintos. Aunque se puede hacer, basado en el hecho de su popularidad, para establecer algunos argumentos, y encontrar algunas pautas, en torno a lo que la gente busca hoy en día en términos de comunicación y socialización. Twitter sí es social, no sé si una red social, pero tiene unas mecánicas particulares que lo hacen más enfocado que Facebook, que simplemente es un directorio de hojas de vida de personas. Por ejemplo, en Facebook no hay concepto de éxito o fracaso. En Facebook la gente te elimina de sus amigos por situaciones ajenas a la red social – problemas en la realidad, o que simplemente no le caes bien -. En Twitter, en cambio tu vida y tu persona importan poco, y pierdes seguidores por no ser capaz de entretenerlos o por hablar mucha mierda. Es decir, en Facebook el éxito es casi dependiente del éxito que se tiene en la vida real; el que usa mucho Facebook no es mejor que el que lo usa poco, simplemente son hábitos diferentes. En Twitter hay un éxito sujeto a las reglas internas.

Esas reglas o pautas nacen de los aditamentos que tiene el mensaje de máximo 140 caracteres, que es el único medio real en Twitter. ¿Qué hay? Contador de Tweets, número de seguidos y seguidores, un botón para Retweet (citar y compartir con tus seguidores lo que dijo otra persona) y otra para ‘favear’ (darle una mención especial al tweet de alguien y hacer que entre en un apartado especial) y las Listas, que son creadas por los usuarios para categorizar a quienes siguen según condiciones específicas y que de paso otras personas encuentren más fácilmente usuarios para seguir (por ejemplo, una lista que diga ‘lindas e inteligentes’ será un excelente referente para alguien que esté buscando nuevos followings.) Todas estas funciones son computables, sobre todo con la aparición de múltiples aplicaciones de terceros (Favstar.fm por mencionar la que se viene más rápido a la cabeza) que hacen el asunto más divertido y competitivo. Efectivamente, todos estos son ítems de competencia y figuración. Generalmente quién tiene demasiados amigos en Facebook es porque conoce a mucha gente en la vida real o es un stalker de primera. No hay en realidad, ‘facebookeros famosos’: sólo gente intensa que agrega a todo el que puede, o famosos que tienen Facebook. ¿Por qué? Porque Facebook es restrictivo, ya que aparte de que no está pensado para la difusión de mensajes particulares, es muy difícil que estos trasciendan por las herramientas de privacidad. En general, esa no es su lógica. Facebook trata de parecerse a la vida en un sentido global, mientras que Twitter es la vida en movimiento, la vida que genera sentido a través de los mensajes con una intencionalidad marcada. Es cierto… algunos pretenden usar Twitter como Facebook. Bien, éstos tienden más fácil a aburrirse.

En Twitter no existe la ‘amistad’ como en Facebook. Las cuentas no son automáticamente recíprocas. Existe la opción de seguir sin ser seguido, o ser seguido sin seguir. Porque, como dije, prima el mensaje, no la persona – con lo cual no digo que no deba existir la cortesía en Twitter, y que no sea divertido y constructivo crear lazos con los otros usuarios -. Pero en este sentido es como un blog y no como Hi5, MySpace o Facebook. Usted no dejaría de seguir a su distribuidor favorito de música o pornografía en blogger sólo porque él no sigue su blogcito donde se queja cada vez que su pareja le queda mal. ¿o sí? Más o menos así es Twitter. Algunos explotan mejor el mensaje que otros, o con otras intenciones. Por supuesto, todas son válidas, pero no a todos los mensajes nos parecen valiosos, entretenidos o pertinentes. Por supuesto, a diferencia de un blog tradicional, existe la capacidad de conectarnos más fácil emocionalmente con los microbloggers, ya que su personalidad y calidad humana quedan mucho más presentes en esos mensajes de 140 caracteres. También pueden surgir amistades de allí, pero cuando se siguen a más de 300 personas obviamente esos casos son los menos.

En Twitter, la capacidad de interconectividad permite que a través de los mentions y retweets salten en nuestro timeline, nombres que – aunque no los sigamos – se nos irán haciendo frecuentes hasta que lleguemos a seguirlos admirados por su constancia e ingenio, o bloquearlos, hastiados porque no compartimos sus ideas. Generalmente estamos compitiendo porque nos lean más.

Es verdad que Twitter es poco apto para la discusión, a menos que se quiera enfrascar uno, y el otro u otros, en una secuencia larguísima de mentions que quizá quienes están involucrados encuentren maravillosa, pero los observadores, que no tienen velas en el entierro, que tienen que sufrir la discusión en su Timeline, morirán del aburrimiento. Igualmente quien abre el perfil de un usuario y encuentra toda esa cantidad de mentions – especialmente si algunos son simplemente ´jajaja’ – sentirá pocas ganas de seguirlo. Sé que muchos deploran a lo que apunto, a que Twitter sea principalmente un extenso monólogo, donde todas las voces se funden y nadie se entiende con nadie. Pero es una limitante. Y poco se puede hacer. La contradicción a un argumento, casi siempre tiende a ser más larga que el argumento, a menos que se limite a decir ‘no es así’ – lo cual por supuesto no resuelve nada -, y en el caso de Twitter, la réplica arranca limitada por el hecho de tener que incluir el @username del dueño de la idea sobre la cual se va a discutir.

No hay que echarse a morir por ésto. Tenemos mensajes directos – que muchos parecen despreciar – para esas discusiones que ya se vuelven personales y no aportan nada para quienes ven nuestros timelines. O llevarlas a medios en los cuales podemos conversar a nuestras anchas, como Messenger o qué sé yo. Sin embargo no quiero decir que en Twitter cada uno por su lado. Las formas de socialización están dadas, y depende de cada uno encontrar la forma más inteligente de llevarla a cabo – sin necesidad de tornar su timeline en un vulgar chat -, para demostrarle a los incrédulos que ésta no es una vaina de autistas.

El mundo de los 140 caracteres - Parte 1

Mi primer fracaso en Twitter

Fue como a principios de 2009 cuando escuché hablar por primera vez de un nuevo y revolucionario servicio llamado Twitter. Fue en uno de esos blogs a los que uno llega al azar buscando información sobre cualquier cosa en una tarde sin mucho qué hacer, y lo que me pareció llamativo fue que lo presentaban como una plataforma de microblogging, del cual se decía que iba a ser un concepto que marcaría la parada. Bastante animado, accedí a la página de Twitter y vi que tenía un video que explicaba en qué consistía. Quedé pasmado ante el absurdo del concepto. ¿De verdad era real tanta carencia de todo? Pensé, «esto no puedo ser aquello de lo que todo el mundo esté hablando. Algo así no puede tener éxito; no va a tener éxito.»

Andaba en mi momento de hostilidad máxima hacia Facebook, totalmente decepcionado de los alcances que éste estaba teniendo, y el descubrimiento de Twitter me parecía la gota que derramaba el vaso de la estupidez digital. Justo cuando reclamaba y anhelaba mayor profundidad y seriedad en los contenidos de internet, me salían con la cosa más intrascendente posible. Vi a Twitter como un Facebook despojado de absolutamente todo, excepto de la opción de publicar estados, y, con un límite de caracteres bastante más drástico. No fotos, no videos, sólo texto, 140 caracteres, no vi cómo la gente podría encontrarlo atractivo. ¿Un sistema de comunicaciones para reportar qué pasa?, eso no tenía razón de ser.

Pasó el tiempo, y fui un enemigo de Twitter en silencio. No tenía cuenta, y como nada que se popularizaba por estos lados, no surgían las discusiones en las cuales pudiera lanzarme en su ofensa. No lo necesité hasta que Radiónica – la única emisora musical decente que se puede escuchar por radio normal en Colombia – empezó a realizar actividades por ahí. Así que de un momento a otro abrí una cuenta para participar por un premio. @luciddreamer, fui por unas semanas o unos pocos meses. No gané y me encontré totalmente perdido allí. No entendía la diferencia entre un tweet y un mensaje directo. Era como uno de esos usuarios inútiles de los que ustedes se burlan por ahí, siguiendo como a 10 referentes famosos y sin un seguidor, aunque yo no tenía un huevo como avatar y me había arriesgado a subir una foto personal. No conocía a nadie, absolutamente nadie, que usara Twitter, así que dejé las cosas allí. No volví a revisar mi cuenta hasta que descubrí que mi novia del momento tenía cuenta. Seguirla a ella y que ella me siguiera no mejoró las cosas. Para decirle algo, tenía otros medios. Si lo hacía por allí, era simplemente porque era divertida. En esa situación, no vi mucho sentido a la vaina y huí con el rabo entre las piernas.

No guardé rencor hacia Twitter. Y en el fondo quería volver, como si supiera que había algo qué hacer allí. Un día de esos andaba reflexionando sobre la posibilidad de hacerlo, cuando un amigo de last.fm – señor @callamand – me preguntó si tenía Twitter. Me decidí, y volví a hacerle…